Te escapaste

(Por Peter Lee).

¿Recuerdas el día que te fuiste? Yo sí, lo recuerdo perfectamente porque veíamos Across The Universe sólo por petición mía y tú bufabas de exasperación. Tú y tu odio hacia los musicales. Veíamos la película y yo te cantaba al oído la versión de Blackbird unas sesenta notas fuera de tono, aunque ya me habías pedido que no cantara.

Blackbird fly into the light of the dark black night.

Y ocurrió.

Fue ahí cuando, no sé si por convicción o por accidente,  te sumergiste en la oscuridad de la noche caraqueña, más negra que la propia negrura, y te fuiste. Silencié mi gorgojos y te observé callada, dejando que te fueras sin siquiera ponerte un suéter. ¿Sabes que hace frío a esa hora, no? Debiste descubrirlo cuando te fuiste.

La cáscara que dejaste me pidió que quitara la película y le sirviera un vaso de jugo.

Explosión

(Por ABrooklyn).

Detrás de la raya amarilla, te vi.

Esperabas el tren, igual que yo. Sostenías tu bolso hacia un lado, igual que yo. Usabas el reloj que yo te regalé e incluso podría asegurar que olíamos igual. Te llevaste un mechón de cabello detrás de la oreja y apretaste tus lentes contra tu nariz. Linda, lindísima igual que la última vez. No sabía si huir, si llamarte, si esperar, si estirar el brazo e intentar alcanzarte. Tratando de decidir, volteas. Te vuelves y tus ojos me atraviesan, tu mirada sigue y entonces creo que me desvanecí. Tuve que desvanecerme porque tu mirada pasó a través de mí como si, en vez de un cúmulo de órganos y preocupaciones precarias, hubiese aire.

Aire, soñé por un momento que era aire. Oxígeno, nitrógeno y argón. Sin forma definida. 

Gracias, Metro de Caracas. Tu fanatismo por Mecano requiere valentía.