Las torres

Las torres - Andrea Paola Hernández

eran torres

de parroquia bautizada con nombre de cacique

de esos valientes de flecha y lanza

que no tenían cinco facturas de servicios acumuladas

que no sabían de tapar la llave de la calle con cemento para que no quitaran el agua

que no jurungaron los circuitos del transformador cuando cortaban la luz

y ahí estábamos

con tantas vidas desplegadas a nuestros pies

sentados en la copita de la mata de mamón

agarrando mangos con la mano

corriendo entre los aspersores de la cancha de fútbol

de puntas para desdecir cada bendición como un ritual

sobre alfombras rosadas de angustias nada infantiles

“mirá cómo llueven”, me decía mi hermana, “mirá cómo te crecen los apamates en los hombros”

una danza en coro con las semillas que dibujaban espirales en el cielo

sin saber que la madre no tenía respuestas

no sabía de apamates ni de torres ni qué ibamos a cenar

aún así las libélulas se paraban en la cuerda de la ropa

nos visitan porque La Madre vive en cada una de ellas, decía

doscientos cincuenta colores vivían en sus alas desplegadas antes del crepúsculo

más que los cuadritos de cuando te restregáis los ojos, ¿te fijáis?

y eran torres

como las torres de níspero y de nim y de ceibote

nadie venía a decirnos que eso no era el mundo

que los susurros de los ceibotes no eran hechizos sagrados

que las semillas de los nísperos no eran proyectiles

que las ramas del nim no eran sables ornamentados

comíamos mango en la copa de las torres

cada tono de las trinitarias tenía un nombre nuevo

las semillas de apamate eran como avioncitos

avioncito en el piso avioncito que soplo avioncito espiral

dando vueltas sobre sí mismos como una pena mil veces dicha

planeaban en el aire

recorrían medias olas

escribían cinco historias

y yo me preguntaba

cada vez que cubrían la vista de escamas blanquecinas

si esos eran los dientes de león de este suelo

si los avioncitos también eran torres

si los apamates también crecían

en los hombros de los caciques

nadie podía decirme que ese no era el mundo

Todo el mundo cabe en un suspiro

con una voz que llama a la calma de suprimir llanto de saberse anhelo de construir pirámides

The Sleep of the Beloved.
Paul Schneggenburger.

A Rafael Ocando

si tan solo es tan tanto
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con una voz que llama a la calma de suprimir llanto de saberse anhelo de construir pirámides
la idea de unas palmas que se aferran a otra idea
todo el mundo cabe en un suspiro
todo mi mundo cabe en tu regazo
asciendo haciendo que mis pupilas se dilaten
sobre este temblor que ahora comparto
soy dos manos que eres
soy dos piernas que te son
soy un cuerpo que te llama
soy el jadeo solitario de un sueño en par
dices mi nombre cuando no hay nadie cerca
y yo te ruego entre gemidos
que no me sueltes
que no me sueltes
que no me sueltes
que eres mi suerte
que nunca olvides – te lo suplico –
que mi paz vive en tu pecho

Otra vez

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“Fragments of love images”, blood.black.sandman (2017).

otra vez el carro desconocido frente a mi casa

otra vez el cuarto de hotel sucio

otra vez las chiripas

el hombre de torso sudado

de manos que tiemblan

de aliento de humo

de palabras de humo

no hay agua o bombillos

es miércoles

no trabajes mañana

me escocen los ojos y las tres capas de semen seco sobre la espalda

otra vez, Andrea Paola

otra vez la falta

de respeto

de responsabilidad

de amor

de cuidado

hacia ti misma

 

 

Se hizo la luz

Photo by Moa Karlberg
(«Hundred Times The Difference», por Moa Kalberg).

ser mujer es ser máquina

escáner y fotocopiadora

dar a luz es necesario

bendición y sacrificio

 

sabrás que está embarazada

cuando tenga una panza cuadrada

de su vagina emane tinta

su vientre se parta en dos y saque palabras

su hijo está hecho de células / un retrato de vidas pasadas

la pelvis se

a

      b

  r

     e

tiene forma de corazón que se abre

emana ríos / lagos / mareas

lágrimas hechas de agua de vida

por las piernas le corre el alma

fragmento suyo que regala al mundo

que se nutre de otros espíritus

tan humano

natural

animal

 

la gente corre quiere ver al niño

es un cuerpo por eso lo leen

inhalando encima ni ella lo entiende

la condición de madre no trae diccionario

Negligencia

Gabriela Handal
(Por Gabriela Handal)

dejé que las pestañas me crecieran hasta las rodillas
esperando que regresaras
que recordaras dónde estaba la última vez que me viste
navegando mis túneles con precisión nocturna
como un felino en el bosque
percibiendo lo inefable

estas lágrimas son un grifo dañado
una vez abierto no puede ser contenido
ahora mi bata de baño está roída
del día que me apuñalaste
y arranqué hebra por hebra
porque no podía quitarme
cabello por cabello

no dejaste ni uno

lo sé
sé que no te interesan las apariencias

Sentidos

sabe a sal como tus dedos

mojados de tanto quererme

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(Por Frédéric Forest)

la lluvia me recuerda a ti
se parece a mi cara cuando te pienso

suena igual que mi cabeza     llena de avispas
tratando de producir melaza entre tanto polvo

huele a momentos felices / en casa / en cama / en suelo

sabe a sal como tus dedos
mojados de tanto quererme

siento las gotas sedando mi piel
siento y veo y oigo y pruebo y nada
nada me dice si alguna vez creímos

Lizzie

la suavidad se disfraza

de castaños, negros y grises

lizzie
(Por Andrea Paola Hernández -sí, la autora-).

toda la ternura del mundo

cabe en un par de ojos marrones

la suavidad se disfraza

de castaños, negros y grises

su aliento cálido en mis rodillas

entre trazas de saliva y dolores

si yo sufro, ella también

si yo bailo, ella también

si yo me rompo, ella me acompaña

mete su trompita entre mis dedos

y me hace sentir

que sin importar si existe un mañana

se quedará conmigo

a esperar el final